MAGNO CUM LABORE

VIVA LA GUARDIA CIVIL

Alejandro Romero, Benasi* para el siglo, es con toda seguridad el jugador del Ciencias Club de Rugby que más le ha exigido a su cuerpo y no a través de la actividad deportiva, sino debido a su durísima formación como militar en una de las unidades de combate más afamadas del Ejército español.
Avatares de la vida que no viene al caso recordar aquí, aunque son bien reveladores de carácter de una pieza de este hombre (escrito sea “hombre” con toda la connotación admirativa y de prestigio que estos infaustos tiempos de pitiminí le han restado al término), terminaron con él en la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil, donde desempeña desde hace años un impagable y mal pagado servicio público.
Hace unas semanas, Benasi advirtió a sus compañeros del equipo de veteranos del Ciencias CR que faltaría a los siguientes ‘tocatas’ porque debía desplazarse a Barcelona por motivos profesionales. Huelgan los detalles. El caso es que uno quiere imaginar, porque la ignorancia tiene la ventaja de permitirnos trasladar los pensamientos hasta el punto exacto en el que deseamos que estén, que sus muchos años de rugby han tenido un poquito que ver, siquiera un poquito, con el ejemplar comportamiento que la gente del Instituto Armado ha mostrado durante los tristes (también circenses,
por momentos) sucesos de Cataluña.
Al fin y al cabo, todos nos hemos visto alguna vez en un campo hostil con un árbitro en contra y frente a un adversario con querencia al trompazo desleal y antirreglamentario. Ahí es donde los tíos de una pieza emplean la fuerza justa, cargada de razón y ayuna de aspavientos. Gracias, gracias y mil veces gracias.
*El apodo deriva del apellido de Abdel Benazzi, tercera línea francés tan célebre por sus cualidades deportivas como por sus valores personales. En su libro “El factor humano”, sobre la epopeya de Nelson Mandela y el Mundial de 1995, John Carlin cuenta la acción de Benazzi que terminó trayendo el vídeo-arbitraje al rugby y, sobre todo, retrata el carácter de un gran deportista y un gran tipo. No busquen el correlato en el atajo cinematográfico realizado por Clint Eastwood, “Invictus”, porque se saltó el pasaje. Nuestro Benasi, les aseguro, no le va a la zaga a aquél.
Lucas Haurie
Foto: Foro de Cultura de Defensa

ESFUERZO GRANDE O PEQUEÑO, ESFUERZO ÚTIL

Como entre viejos amigos no son necesarias las presentaciones, excusará el lector la omisión y la osadía, que no es más que un desiderátum expresado torpemente. No, no formamos en el Ciencias Club de Rugby lo que se dice un grupo de amigos pero quizá, ojalá, sirvan los pequeños gestos para corregir una anomalía que ha durado demasiado tiempo. Hasta aquí llegó la broma, pudiéramos decirnos en un ejercicio de autocrítica, seguramente la más productiva de las virtudes. Nada de presentaciones, pues, y sí una cuestión previa: “Magno cum labore summum ascenditure”, he aquí la (encomiable) divisa de nuestro club; de lo que quiera que cada uno entienda como un club.
Vamos para el medio siglo de historia y puede que haya llegado el momento de hacer una pequeña exégesis, sin que se moleste el acuñador del lema, si es que anduviese cerca, o quienquiera que se lo desee atribuir. Ese “gran esfuerzo” que ha de llevarnos hasta “la cumbre”, en traducción tan libre como charcutera, ¿se refiere al arduo entrenamiento que nos permitirá hollar las cimas del rugby? No, seguramente, porque resultaría pretencioso, en el entendido de que cualquier parecido entre el alto nivel y lo que practicamos aquí es pura coincidencia. Será mejor tomárselo como un teresiano “camino de perfección”, un consejo individual, una píldora de autoayuda. Si todos los componentes del Ciencias CR –omitiremos la tópica referencia a la “familia” para no hacernos trampas en el solitario–, regalamos “esfuerzo” según nuestras capacidades, a lo mejor tenemos la suerte, algún día, de disfrutar de un club, esa “sociedad de personas con intereses comunes” (CO-MU- NES), y es palabra de DRAE. De modo que jugará el jugador, entrenará el entrenador, dirigirá el directivo… y así sucesivamente sin perder de vista nunca el adjetivo clave en todo este asunto que, casi por casualidad, también lo es en el deporte del rugby: comunes, en rotunda antonimia de particulares.
Mi única capacidad conocida, por otro lado, es la de escribir tonterías. Y como algún insensato ha tenido la amabilidad de pensar que podría resultar de alguna utilidad, pues aquí estoy.
Lucas Haurie