M10. El sol vino al Ibérico
Tras una semana en que la ansiada lluvia cayó por fin de manera profusa en nuestra ciudad, el sábado 26 de marzo apareció espléndido con un sol a veces radiante y en momentos de calor sofocante.
Otro fin de semana que tocaba madrugar, pero que diferente el despertar de los niños al de cualquier día lectivo. Se notaba en ellos la emoción y la ilusión de volver a competir y a practicar este maravilloso deporte que nos tiene a todos, veteranos y neófitos subyugados.
Convocados por Macarena, arribamos a la Cartuja alrededor de las ocho y media, algunos rostros revelaban los excesos de la noche anterior, pero todos, con más o menos horas de sueño, nos dispusimos a colaborar para el éxito del torneo que nos correspondió organizar.
En mesas rocieras dispuestas para la ocasión, comenzó el proceso de elaboración de bocadillos de la sin par tortilla española. Montamos con más voluntad que acierto, una cadena de trabajo, que haría abjurar a Henry Ford de su invento. La tarea duró hasta minutos antes de iniciarse los partidos, pues cuando parecía concluir la faena, aparecía una nueva caja de panes, dijérase que se produjo el milagro de la multiplicación de los panes que nos narra el evangelio.
Por fin, los delegados y voluntarios de sub 10 nos dirigimos al campo de césped natural, donde se habían de disputar nuestros partidos. Los entrenadores lograron con habilidad que los niños estuvieran más o menos controlados y, tras una reorganización de alguno de los grupos por las ausencias de última hora, comenzaron a disputarse con puntualidad británica los partidos.
Javier consiguió que todo el torneo se desarrollara con la misma eficacia e incluso fue capaz de facilitar que se celebraran partidos no programados, para satisfacer los deseos de los equipos que querían disputar más encuentros.
Ya nos centramos en el juego y nuestros tres equipos, que al modo de los Reyes Católicos, “tanto monta, monta tanto”, da igual la letra que acompañe al nombre del Ciencias, disputaron con tesón y en muchas ocasiones con acierto todos los partidos, hubo que lamentar algunas lesiones antes y durante el torneo, a todos les deseo una pronta recuperación y que estén disponibles para el próximo torneo en Lisboa.
No sería justo si no agradeciera a todos sus entrenadores (Nacho, Manu, Pepe Carlos, Rookie y Nacho) el trabajo de todos estos meses y el resultado que ahora empieza a aparecer, nuestros hijos son mejores jugadores y también mejores personas, a las que han transmitido con éxito los valores del esfuerzo personal, el compañerismo y el amor a los colores azules que nos simbolizan.
Gracias también a los delegados, los ya nombrados Macarena y Javier y nuestra letrada Leticia, tan hábil en los juzgados como con la cámara reflex en sus manos, ellos también son hacedores de que la Cartuja se convirtiera ayer en un teatro de los sueños.
Cercana la hora prevista para la finalización de la competición, todos los campos estaban vaciados e incluso, antes de lo previsto, preparados para que continuaran los partidos de categorías superiores.
Algunas lágrimas derramadas por nuestros chicos, algún gesto no contenido de rabia por perder algún partido, son consecuencia inherente al afán demostrado y disculpables en los que aún son unos niños.
Después de dar buena cuenta, niños y algunos padres de los sabrosos bocadillos de tortilla, doy fe de ello, nos dirigimos los mayores a la zona del bar donde pudimos degustar algunas cervezas que siempre una mano amiga se encargaba de renovar, sin apenas tiempo para apurar la anterior.
Os pido disculpas por esta crónica, escrita por quien no atesora ningún mérito para ello, si acaso el de la fe del converso a un deporte fascinante y al que habría que convertir en asignatura obligatoria en los colegios por lo mucho que ayuda en el proceso de formación de los hombres y mujeres del mañana.
Acabo ya, no sin dar las gracias por último al sol, que no quiso perderse el “Ibérico”.
Federico Jiménez Ballester


