M10. Sobre tierras lusas
Recién inaugurado el mes de abril las ganas y la ilusión recorrían los aparcamientos de Cartuja. Las categorías M10 y M12 llevaban meses pensando en este momento. Aunque todo campeonato tiene su encanto, salir de España en autobús rodeado de amigos, hacia el país luso, despertaba miradas que mezclaban, a partes iguales, nerviosismo y alegría. Esta vez no iban con sus padres de turismo a la hermosa Lisboa, ni a las playas del Algarve, ni siquiera a comprar toallas, vajillas, o comer bacalao o frango assado; esta vez ellos eran los protagonistas de la historia e iban a JUGAR AL RUGBY.
El autobús esperaba a las 9:30h de la mañana del viernes 1 de abril por lo que nuestros jugadores tuvieron que ausentarse por un día de sus compromisos académicos (imagino que la mayoría de ellos encajaron esta iniciativa con una reluciente sonrisa). Cargado el equipaje en las bodegas del autobús y recogida la documentación de cada jugador, los delegados fueron llamando a filas a cada uno de ellos y finalmente la expedición puso rumbo a Lisboa.
Después de más de 5 horas de viaje, con una parada para almorzar, el equipo llegó al camping. El escenario parecía haber sido meticulosamente construido para la ocasión. Un bosque de pinos y eucaliptos cobijaba una treintena de cabañas de madera situadas a los pies del campo de rugby de Direito, donde al día siguiente tendría lugar el espectáculo. El cuerpo técnico decidió familiarizar al equipo con el campo de batalla y organizó un entrenamiento aquella misma tarde. De vuelta al camping Leticia sacó a relucir sus mejores dotes culinarios, cocinando toneladas de hamburguesas que los niños no tardaron en devorar. Es digna de mención la actitud de varios jugadores: Antonio Díaz por viajar para apoyar a sus amigos aún con un tobillo lesionado. Y por otro lado a los gemelos Martínez (Gonzalo y Juan) y Felipe Fernández y Pablo Jiménez, que sorprendieron al Staff cuando al entrar en su cabaña por la mañana bien temprano, ya tenían todas sus pertenencias absolutamente recogidas y estaban dispuestos para partir a jugar. ¿Se puede pedir más? Todo estaba organizado ya para partir hacia el estadio. No se había olvidado nada, aunque, y a juzgar por las coronillas de los jugadores, un peine no habría venido nada mal.
Al entrar en el complejo de Direito el ambiente prometía. La carta de presentación fue inmejorable: 3 cochinos blancos de unas 20 arrobas cada uno, perfectamente rasurados, limpios y preparados para su paso por las ascuas, nos miraban con cara apacible pareciendo darnos los buenos días.
Pronto se organizó uno de los momentos inolvidables del torneo. La presentación encabezada por abanderados de cada uno de los 23 clubes participantes en el torneo. Se respiraba un ambiente mágico que erizaba la piel. Podían escucharse himnos, cánticos, aplausos y al speaker que con un perfecto acento portugués, iba presentando por megafonía a cada uno de los equipos que componían el desfile.
Nuestros niños fueron concentrándose ya que el torneo iba a comenzar. Sobre el terreno de juego pudo verse a un Ciencias crecer. Comenzó el calentamiento con caídas de balones intolerables por falta de concentración pero conforme fueron soltándose, los equipos desarrollaron un juego dominante, brillante y agresivo. Pudieron verse varias fases de juego abierto dignas de la mejor tres cuartos francesa y algunos placajes bajos que demostraron el valor y el potencial de este equipo. Al finalizar el torneo llegó la entrega de premios a manos del presidente de la República de Portugal, Sr. Marcelo Rebelo de Sousa.
De este torneo todos los niños se han llevado algo, no me cabe la menor duda. Para alguno ha sido su primer trofeo fuera de España. Para otros ha sido su primer placaje a los tobillos. Otros han experimentado la sensación de dormir fuera de casa por primera vez. Y otros recordarán como su amigo le ayudó a atarse los cordones de las botas 1 minuto antes del inicio del partido porque él aún no sabía hacerlo. De lo que estoy seguro es de que todos y cada uno de nuestros niños han terminado el torneo siendo mejores que cuando salieron el viernes de Cartuja. No sólo mejores jugadores de rugby, que también, sino que después de cada entrenamiento, después de cada partido, sin darse cuenta, van forjándose como personas para afrontar la larga vida que tienen por delante.
Disculpadme si este humilde relato en algún momento se ha hecho pesado, no era mi intención. Aunque no utilizo el lenguaje inclusivo, no quiero que nadie piense que me olvido de dos valientes jugadoras del club como María García e Isabel García Casado. ¡Seguid así y llegaréis lejos!
Termino, sin más, esta crónica enviándole mi más sincero agradecimiento a Macarena, Leticia, Javier, Manu, Nacho Guzmán, Pepe Carlos y Nacho García Casado. ¡Vuestra entrega y generosidad llegan a límites insospechados!
Carlos González Bocanegra


