LA CRÓNICA PERFECTA
Los ahora puretones del Ciencias, esos que disfrutamos en los años noventa, con veinte y pocos años, de las cervezas del Kangaroo Pub, y del Dream-Team científico, sabéis que llevo algunos años escribiendo, o al menos intentándolo. Y, lo hago básicamente, sobre lo que pasa en el césped, cuando juegan nuestros equipos. Con mayor, o menor acierto; pues la torpeza del autor es tan infinita, como la estupidez humana. De tal forma, que no seré yo el que promulgue el veredicto, del que ya se encargan otros de hacerlo, levantando o bajando el pulgar de su mano derecha, como lo hacían los inescrupulosos Césares, en sus enfervorecidos Coliseos.
Pero, sin ánimo de ser arrogante, y apoyándome en la perfección Metafísica de Aristóteles, lo que sí es indudable es mi insistencia constante por la búsqueda de la idea perfecta. Y, con ese ánimo, intento siempre que quede plasmada, en el consecuente, escrito perfecto. Otra cosa, es que lo consiga, pues sincerándome conmigo mismo, tengo que reconocer, que, aunque el fin de la perfección es el perseguido, las formas la corrompen. Pero, he aquí amigo lector, que después de tantos años, creo estar firmemente convencido, de estar escribiendo al fin, la crónica perfecta. Esa, que, en forma, y contenido, es única. Esa, que contiene en sí todo, sin dejar fuera nada. Esa, que Aristóteles aplicaba tanto a lo bueno, como a lo malo, en su buen fin.
Y, fijaros, que después de tanto rugby, ha tenido que ser un modesto equipo de cantera, procedente de tierras extremeñas, el que ha logrado de mí, la idea más perfecta. Reconozco que no ha sido nada fácil.
Os sugiero, para aquellos de vosotros, que busquéis en esta crónica perfecta, la estadística, el sistema, los golpes, los ensayos, etc., no perdáis ni un segundo más, de vuestro valioso tiempo, cerréis el Google, y aprovecháis estos minutos, para prepararos un delicioso “What Else”. Pues, en esta crónica perfecta; como creo que es esta, no van a aparecer nombres de jugadores; nunca aparecieron, y no van a aparecer ahora, no van a desarrollarse tácticas, ni sistemas 1-3-3-1, no van a aparecer tanteos, ni el marcador, tampoco las tarjetas; si las hubo, ni la climatología, ni siquiera el aforo de espectadores, menos la clasificación, ni hay espacio para banquillos suplentes, próximos partidos, no, no. No os equivoqueis, nada de esto tiene cabida en esta crónica perfecta. La crónica perfecta, del pasado sábado del Sub 18, no es otra que esta. Ya está escrita. ¡No os dais cuenta, de cuanta perfección!.
El cronista, después de escribirla, está exhausto, sin aliento. No puede más. Ha caído rendido, tras el parto de tan excelente contenido.
¿Qué opináis?. ¿Estáis de acuerdo, con que al fin, he logrado escribir la crónica perfecta, de un partido de rugby?. Pues, parece que sí. Habéis disfrutado, ¿verdad? No hay más que veros, como os relaméis los dedos, después de tan magnífico festín.
Es mi deseo, para concluir con esta crónica perfecta, dedicar unos renglones de agradecimiento, a los siguientes intervinientes:
En primer lugar, y por orden de excelencia; a los 13 jugadores del Club Rugby Badajoz, que se plantaron en La Cartuja, y entraron mirando de reojo, temerosos, a la vez que orgullosos, por lo que suponía para ellos, enfrentarse a un equipo que lleva una C en el pecho. ¡Sí chavales habéis jugado, y marcado contra el Ciencias!. Enhorabuena.
En segundo lugar, a un caballero como lo es su entrenador. Por su magisterio, a la hora de educar a los jugadores en el trabajo, actitud, humildad, y respeto, por el rival. Mi presente admiración.
En tercer lugar, a nuestros jugadores, y a sus entrenadores, que dieron ejemplo con su actitud, de que no hay rival débil, y que todos merecen el más exigente de los respetos. Y, ese respeto bien entendido en el rugby, fue el que se ejecutó, hasta el último minuto. La lástima, no implica respeto. Todo lo contrario, la lástima, en un partido de rugby, conduce a la humillación del contrario. Lo que ningún aficionado a este deporte podrá percibir nunca.
Por último, a los aficionados que nos dimos cita el pasado sábado en La Cartuja. Y en especial, a los padres de los jugadores del Club Rugby Badajoz. Por su comportamiento ejemplar, saber estar, y deportividad bien entendida. ¡Cuánta generosidad, y cuánto que aprender de ellos!.
La crónica perfecta está finiquitada. Pero, siento comunicaros; espero no os molestéis, que después de leerla, y releerla, definitivamente, no veo en ella su perfección. Es más, afirmo que es imperfecta. ¿Y por qué? Os preguntareis. Pues, porque esta crónica perfecta, nunca la podría haber escrito. La vanidad, no es precisamente un vicio del cronista. Todo lo contrario, esta crónica perfecta, necesariamente, se escribió por ella misma, tras el pitido final, a través de un anónimo espectador de la zaga rival, que perpetuó sabiamente, la grandiosidad del rugbístico momento.
Y así ocurrió todo:
“El Señor árbitro, pitó el final del encuentro. Los once supervivientes del equipo visitante, cayeron exhaustos al césped, y al unísono, como si de una partida de bolos se tratara. El aficionado local, estaba descompuesto ante el descomunal derroche de fuerza, y pundonor, del mal logrado equipo pacense. Al instante, y ante tan desconsolado escenario, un aficionado de aspecto corpulento, y acento foráneo, se levantó en la grada, y alzando majestuosamente su voz, rompió el respetuoso silencio, gritando: ¡Arriba valientes de Badajoz!, ¡Enhorabuena aficionados del Ciencias!”
Tan claro, y sencillo, como lo que es. La crónica perfecta.
¡¡¡ BA-DA-JOZ !!!
¡¡¡ CIENCIAS, CIENCIAS, CIENCIAS !!!
Paco Alfonso
Fotografía Eva Martín


