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Jornada atípica de rugby la celebrada en Cavalleri el seis de noviembre por el horario vespertino y porque la temperatura sobre el campo fue inversamente proporcional a la atmosférica.

El Ciencias A abrió la jornada frente a los anfitriones de Mairena en un partido en el que el juego alegre, pero maduro, de los científicos se impuso con mucha claridad al de los locales.

A continuación, los conjuntos hermanos, Ciencias A y Ciencias B, se midieron sobre el césped artificial en una bonita liza en el que ambos defendieron con orgullo y honestidad la C gótica. El momento de madurez deportiva de los dos grupos de chicos es muy distinto, sin embargo, justo es reconocer que el Ciencias B peleó hasta el pitido final por dar la talla frente a sus compañeros y amigos del A quienes tuvieron que emplearse a fondo e imprimir un asfixiante ritmo para reinar sobre el marcador.

Sin solución de continuidad se produjo el enfrentamiento entre Ciencias B y Portuense. Fue, quizás, el momento más duro de la tarde para nuestro equipo en desarrollo porque el Portu, muy arropado por su hinchada, les arrolló con su estricto orden y tamaño. Se vieron en los científicos algunos fugaces gestos de impotencia que no hacen sino desvelar que sienten la responsabilidad de vestir la casaca azul.

Ya adelanté que la temperatura subió en el juego cuando empezó a hacer frío. Efectivamente, en este invierno adelantado que vivimos en Sevilla, el ocaso del sol trajo el frío y cambió el panorama de la grada de camiseta a chaquetón. El Ciencias B, rápidamente repuesto de la derrota, salió animoso al encuentro de Mairena. Nuestros chicos dejaron atrás las lagunas padecidas en las dos jornadas ya celebradas y practicaron un rugby intenso, firme, paciente, que les condujo a la primera -y merecida- victoria de la temporada que el público aplaudió emocionado.

Y, ya de noche, llegó el gran duelo: Ciencias A frente a la escuadra portuense. Los minutos de la contienda fueron agónicos. El Portu demostró por qué llegaba invicto a Mairena. Planteó a nuestros chicos una línea de defensa compacta que les impidió la brillantez y profundidad en el juego a las que nos tienen acostumbrados. Unos y otros cometían indisciplinas que trababan el discurso del juego y solo un desbordamiento fruto del esfuerzo colectivo doblegó la resistencia costeña. Una verdadera batalla que, con toda seguridad, se repetirá en el futuro y que esperamos con impaciencia.

Con todo, lo más hermoso del día fue la visita de Enrique, que está recuperándose de su lesión de clavícula y quiso arropar a sus compañeros, aunque acabó llevándose el afecto y el calor de su equipo, el Ciencias.

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