Si, yo estuve ayer en Cartuja

Si, yo estuve ayer en Cartuja

¡Sí, yo estuve ayer en Cartuja, como lo estuve en 1994!
Hace 25 años, disfruté de la alegría, la desvergüenza, y la insolencia, de un rugby moderno, seguro, y dinámico, practicado por un cínico, y muy joven quince que trataba el oval, como padre que le entregan a su recién parido hijo. Algo superlativo. Ayer, por el contrario, estuve en Cartuja para sufrir.

Sí, yo estuve ayer en Cartuja, al igual que los 2500 props y hookers, que nos dispusimos, y nos abrazamos a las espaldas de Calvo, Acosta, Salazar, Forte, Mercanti y Nieto, para consolidar y compactar una primera línea, que así, soportaba con resistencia cada empuje, y duro contacto, de un contrario que sentaba cátedra en esta fase, glorificando si cabe aún más, su escudo; ese de la valiente envestida del carnero de raza autóctona “Latxa de cara rubia”.
Si, yo estuve ayer en Cartuja, al igual que los 2500 locks, que fortalecíamos  y cimentábamos, cada salto de los Padrós, Ortega, Vergara, Aguilera, Sobrino y Rodriguez-Tabernero para nunca perder y elevar aún más alto si cabe, la motivadora Fe que en su Giraldilla, corona y da cima a nuestra ciudad, transformándola en himno perpetuo de nuestro equipo.
Si, yo estuve ayer en Cartuja, al igual que los 2500 ochos científicos, que nos dimos cita en la grada, teniendo clarísimo, que nuestra obligación, no era otra que la de salir a la cancha como segundo ocho camuflado, empujando hasta la extenuación, y clavado como un Cristo. Y así, dando un paso más, alcanzar tras la dura escalada, la gloria que nos ofrece la ya casi practicable, y ansiada División de Honor.
Si, yo estuve ayer en Cartuja, como los 2500 flankers, que se dejaron el hombro en cada giro y en cada durísimo placaje a un valentón ocho vizcaíno, que nunca pudo resolver su propuesta, aunque persistió en su empeño.Si, yo estuve ayer en Cartuja, como los infantes de nuestra exitosa cantera. ¡Sí! esos que a las órdenes de un Marcos Campeón, desubicado, desconcertado, y sin entender el por qué no estaba convocado contra Getxo; si bien es cierto, y dogma el dicho, de que “la historia se repite”, disponía invisiblemente a sus pequeñas, pero rudas huestes, uno a cada lado de nuestra línea de tres cuarto. Así, tú aquí, junto a Miguelito, tú pegadito a Alejandro, tú no muy lejos de Juan, tú a la derecha de Luís y Jorge, el más grande detrás de Fernando y Santiago, y vosotros tres de la mano de José Antonio, Javi, y Manu. Pensó muy astutamente, que con estos apoyos nos asegurábamos la perseguida, ansiada, y anhelada continuidad, que a los pocos minutos vislumbramos, que era el camino para alcanzar la por el momento inalcanzable, y nunca más codiciada, línea de palos.
Si, yo estuve ayer en Cartuja, al igual que los 2500 corazones que latíamos al compás del corazón de San Martín, consiguiendo con ello el alcance preciso y acertado, de un tiro a palos en el infinito, pero que nos entregó la final por el ascenso.
Si bien, Getxo se doctoraba en la teoría, y la práctica del juego en delantera, retrotrayéndonos a un rugby añejo, sin errores, y muy meritorio en su ejecución, nunca pensé en mi vida, que llegaría a indigestárseme esta fase del juego tan romántica, pero a la vez tan amarga, si el de enfrente es colosalmente superior a ti. Y, fijaros hasta que sinsentido llegó la magistral lección de los vascos, que durante el envite, nunca pudimos celebrar los anhelados en otras ocasiones, adelantados del contrario.
¡Zorionak Getxo!, ¡Enhorabuena Getxo!. Os esperábamos ansiosos, por disfrutar de todo un clásico de nuestro rugby, enormemente digno, y señores en la yerba. Siempre hubo eliminatoria hasta nuestro ansiado pitido final, y esto la engrandece y honra.
Pero, el sobresaliente Cumlaude, tenía que otorgarse por el tribunal de tesis que componía la rebosante, y alegre grada, a nuestro equipo, y a su enérgico cuerpo técnico, que entregaron su vida, no solo en los ochenta minutos del maravilloso encuentro del rugby del que disfrutamos, sino durante toda la semana. A su incansable directiva, ofreciéndonos el mejor ambiente posible, y a nosotros los que sí estuvimos en Cartuja.
Nuestro quince, demostró en el campo ante el durísimo Getxo, cual ha sido, es, y será el siempre eterno sello del rugby sevillano, el mismo que elevaron a un super rugby hace ya 25 años, Ontiveros, Sauda, Willy, Jacobo, Juanma, Nuñez, Marcos, Javi, Coco, Sanchez, Keko, David, Miño, Martín, Javier, y tantos otros. Y que hoy, nuestros jugadores, con un premio tan dispar al del 94, pero tan humilde, responsable, y exigente, como es el de intentar retornar a una competición, de la que nunca tuvimos que apearnos, nos ha regalado en idéntico escenario, frente a idéntico adversario, y ambiente, su personal interpretación al super rugby de los títulos. ¡Enhorabuena!
Ahora, os merecéis el confortable descanso. Pero, tened muy presente, que lo de ayer ya se diluyó, y fue un mero, pero obligado trámite, para la consecución del dulce azucarillo, que puede cambiar de una vez por todas, el curso tan amargo de estas últimas temporadas. Bien hecho caballeros.
En una caja maltrecha de zapatos gorila, cubierta con una tapa convexa gomillada y empotrada al fondo de mí armario, depósito imperecedero de mis recuerdos más juveniles, se mezclan en un desorden genuino, provocado por la exitosa búsqueda de algún recuerdo inolvidable, fotos antiguas del colegio, de los amigos, y de alguna que otra novia perdida. Algún recorte con tinte erótico, una etiqueta de Rives, las entradas de los toros, las papeletas de sitio de la infancia, y los carnets del futbol. Al fondo del todo, como rincón infranqueable, los recuerdos más queridos de nuestro Ciencias.
Desde ayer y sintiéndose parte de este desorden, está guardada como oro en paño, la papeleta de entrada con el número 1.775 del Ciencias vs Getxo del 5 de Mayo de 2019, cuyo coste monetario es ridículo, ¿quizás 1€?, pero, cuyo recuerdo personal, y valor sentimental, me retrotrae a un pasado familiar feliz, aunque irrecuperable, y al de un día de rugby eternamente inolvidable. Gracias, por ofrecerme gratuitamente esta alegría.
Querida Sevilla, el Ciencias no falló, por el contrario demostró una vez más, que con sus limitados recursos, consigue lo que se proponga, y la razón única, es la simple y a la vez complicada solución jeroglífica, que responde exclusivamente al orgullo de defender con el honor, una parte de la historia de la ciudad, como es nuestro club.

Paco Alfonso

ACTA DEL PARTIDO