Sub 12. Campeonato de España

Sub 12. Campeonato de España

SUB12 – RENDIMIENTO
El pasado domingo 19 de mayo, los benjamines del Ciencias capitaneados por López,
Balleto, Poblador, Benassi y Camarero, se auparon al olimpo de la categoría de oro del
campeonato de España, ocupando su séptima plaza.
Se antojaba apasionante la jornada dominical, que presentaba dos focos de atención para
los científicos, por un lado la clasificación final de la copa de oro de nuestros Sub12, y a
500 Km de distancia, la resolución a cara o cruz, para alcanzar de nuevo la gloria del
rugby español. Que verdad soporta el dicho “de que la historia se repite”, pues en
distinto escenario, pero bajo idéntico marco, dos años antes, vivíamos en Valladolid
idéntica experiencia. Y, mirad si es cierta la existencia de la mano de Dios, para
nosotros los creyentes, que fue Él, y exclusivamente Él, el que decidió que el fallo
clamoroso del Bathco nos alzara a División de Honor. Pues si no es así, ¿quién es el
experto que me ofrece una explicación convincente?.
Nadie, se conoce mejor que a si mi mismo, y tras los quince primeros minutos del
encuentro trascendente, salí pitando para Sevilla, tras la entrega de medallas. Se
ambientaba el coche con un silencio de madrugada Santa, pues sabía que no iba a ser
capaz de soportar el momento propiciado por la moderna tablet, y ahuyentando el temor
de no recibir a la hora estimada, una llamada prometida por un directivo que me
conduciría al sosiego, y a la alegría esperada, tomé presuroso la A5. Pasaban los
minutos, y la ansiada llamada no se produjo, pero ahí estaba mi Sub16 que conociendo
el insoportable trance de la huída, pulsó el botón verde, y brotó por el coche como
compuerta de embalse rebosante, la alegría de los jóvenes científicos, celebrando la
obligada victoria. ¡Qué alegría!. Enhorabuena a todos.
Pero volvamos al puchero, que si se enfría no hay quién se lo coma.
Desconozco la fórmula, método, o sorteo; pues sinceramente nunca me ha interesado,
sobre como quedan agrupados inicialmente, los equipos en sus grupos de competición.
El caso es que los Científicos, tenían que batirse con sus dos primeras espadas, dentro
de un grupo F conformado por Alcorcón, Industriales, y VRAC B. Siendo fiel a mis
principios, tengo que reconocer, que nuestro grupo era tan competitivo como los otros.
Equilibrados, y bajo un primer vistazo, y sobre el papel, con sus peritas en dulce, y sus
membrillos amargos. Pero insisto, ¿alguien sabía como jugaba Alcorcón, ingenieros, o
VRAC B, a estas alturas de la temporada?. La tarta con la sorpresa interior, estaba
servida.
Las quinielas de estos campeonatos, con el paso de los años; son ya seis temporadas, se
me antojan legítimas, pero, más propias de una corazonada deseosa, que de un frío
análisis resultadista de los años de experiencia. Pero en fin, todo es justificable. Las
apuestas, corrillos entorno a una espumosa, y los calentitos, y humeantes guasaps, o
como se llamen, presagiaban un encuentro apasionante para el final del sábado, con el
ganador del grupo C, que se presumía sería Marbella.
Pero, no adelantemos interesantes acontecimientos, y siendo meticulosos, presentemos
los hechos tal cual sucedieron.
El sorteo, nos deparó un bautizo de campeonato, con un Alcorcón Vs Ciencias, que no
tuvo mas historia, que la de un árbitro cerrando acta del encuentro, tras el inicio de la
segunda mitad. Mientras, en el otro envite del grupo, Industriales hacía lo propio con
VRAC B, y presentaba sus credenciales ante una parroquia científica, que como
espectador camuflado, veía que el hueso estaba en el segundo partido. Por algo, el
contrincante se apropió del título de campeón de Copa Plata; es decir noveno de España.
Sin embargo, la fortaleza física del equipo madrileño, poco o nada pudo hacer ante un
coloso once científico, que desplegó por Pozuelo un majestuoso rugby, con una

continuidad por bandera, propia de otras categorías, y un juego tan rápido, consecuencia
de la resolución magistral de unos rucks, que nos hacía rememorar; salvando las
distancias, a los All Blacks de Lomu.
Tan excelso fue el rugby desplegado, que antes del agua ya tenía en Ciencias tres
marcas a su favor. Y, hasta la mesa arbitral al final del chance, felicitó a nuestros
jugadores, mostrando su perplejidad, y asombro, por el espectáculo ofrecido.
Apoteósico.
Tras el pitido final, los deberes soportaban la calificación de sobresaliente, y los
benjamines al contrario de otros años, habían madurado, y habían cumplido con su
obligación, que no era otra, que meterse en copa de oro, tal como se merece el Club por
entidad, y prestigio.
Quedaba un tercer partido, que ya pertenecía al ansiado metal precioso. Pero, he aquí la
tarta sorpresa, pues ninguno de los nuestros quedó advertido, del sorprendente fichaje
que Tecnidex presentaba en torno a un chico, simbiosis de guepardo, cruzado con
pantera, y que él solito, colocó a sus Valencià en la cabeza del grupo C. Por lo que el
encuentro pretendido, y deseado de altísimo rugby de derby Andaluz, se lo cargó, un
zagal, cuyo futuro debería estar mas enfocado a las pistas de atletismo, que a los golpes,
y lesiones, de su frágil pero poderosa zancada.
Bajo un acto modélico del entrenador de Marbella, que engrandece más si cabe a su
Club, y a este deporte de hermanos, nos presentamos ante un Tecnidex que sacaba a la
palestra a diez currantes, y un velocista hambriento de gloria.
Y pasó lo previsible, un 20-5 del chiquillo que cada vez que captaba el balón se
plantaba en la línea de ensayo en menos de un aplauso, y el solito se guisó y se comió la
clasificación del 1o – 4o de oro. Mientras, los nuestros frustrados por la impotencia,
quedaban rezagados, a la parte de la plata del oro, del 5o – 8o puesto.
A comer, a la ducha, a merendar, a reírse, y a jugar, es lo que tocaba tras el tremendo
esfuerzo de unos niños, cuya entrega había sido total. Con un hasta mañana si Dios
quiere, acostaban a sus científicos unos delegados ojerosos, roídos por el terrible
cansancio, de bregar con tan genuinos infantes.
Amaneció el deseoso domingo, sin dar tregua para soportar disgustos, pero la vida no es
tan evidente como un 2+2. Y, tras resolver el incidente anecdótico de un maletero
amarrado, propio de los tiempos del seiscientos de Paco Martínez Soria, y de su
Señoriiiita, se presentaba la expedición en los campos de Pozuelo, para hacer valer una
quinta plaza, que los sevillanos querían sobremanera para ellos.
Enfrente un clásico, la Santboiana. El precedente más cercano, el empate a una marca
en el prestigioso torneo Melé, del que sacamos fructíferas conclusiones.
Se intuía que el chance iba a ser duro, durísimo, pero ahí estaba nuestro once fajado, y
pilotado en su quinta plaza, a verlas venir. La Santboiana juega a un rugby-ruck, donde
gana el poderoso. Y no tiene más, pues su juego a la mano prácticamente no existe.
Ya he expuesto esta tesis, en alguna que otra crónica, pero no está de mas volverla a
presentar, a ver si todos la compartimos en las posibles discusiones a las que de pié, el
presente texto.
Si la jugada que más se repite en un partido de rugby, es el ruck; y esto es un hecho
probado, el equipo que salga vencedor de estos retos tan particulares, y tan complejos de
ejecutar con corrección, saldrá con mucha probabilidad, vencedor del encuentro. Y, esta
fue la clave del partido. Por este motivo, el match había que analizarlo en dos tiempos.
Esto es, primero examinando la efectividad del ruck del ciencias en los siete u ocho
primeros minutos, que forzó a la maquinaria Catalana, a llevar a cabo unos niveles de
contacto al límite del reglamento, y que originó en uno de ellos, la retirada de uno de

nuestros ruckers o currante más aventajado, como consecuencia de una tremenda
corbata, que dejó al valiente científico casi K.O. en el rectángulo de juego.
En este punto, ruego me permitáis exponer una reflexión en torno a estos lances tan
desafortunados, y su vinculación con la formación del jugador novel.
Evidentemente el riesgo de lesión, y contacto duro en este deporte se presupone, tal
como antiguamente se presuponía el valor de los militares en el ejercicio de su trabajo, y
creo que este aspecto, está asumido por todos. Sin ir mas lejos, yo desgraciadamente, ya
las he sufrido como padre en dos ocasiones. Lo que es incomprensible, es que una
acción tan violenta; por ahí circula el fotograma testigo, quedara dispensada de
cualquier pena.
La consecuencia de tan desdichada acción, la sufrió exclusivamente el Ciencias, y este
efecto, no fue otro, que la salida del campo de una pieza en ese momento, y bajo mi
humilde punto de vista, trascendente en el devenir del encuentro. Y creo, pues no puedo
aseverarlo con rotundidad, la nula penalización a un contrario que intuyo, siguió
jugando con el mismo once, sin que se tomara la decisión del cambio obligado,
didáctico, e instructivo, para el cometedor de la falta. Y, si no fue así, solicito y elevo
desde este mismo renglón, mis sinceras disculpas al oponente.
La segunda parte del razonamiento, no tiene más fundamento, que la que produjo el
infortunio, un desenlace que acabó con el encuentro. El ciencias perdió el rumbo del
ruck, y los catalanes al observar su superioridad en la acción, entraban como posesos,
limpiando, y recuperando una, y otra vez, balones cada vez más cerca de nuestra línea
de marca. Casi al roce del pitido final, en el peor escenario, llegó nuestro error. Y,
consecuentemente, el único ensayo que nos desclavó del quinto puesto.
Bajo mi punto de vista, la victoria de la Santboiana es consecuencia de nuestro
demérito, más que de sus argumentos presentados en el césped. Santboi no es superior
al Ciencias.
Es muy complicado, hacer cambiar el rumbo de una situación a unos niños, que son
muy inmaduros, y que cualquier efecto colateral, aunque parezca insignificante para
nosotros, para ellos puede ser trascendental. El juego de delantera brusco, y tedioso,
impuesto por Santboi, durante todo el encuentro, proponiendo inagotablemente, una
batalla personal de percusión continuada, hasta el fatídico desenlace del K.O. científico,
estaba controlado. Pero, tras el parón del incidente, estuvo perdido. Y la solución que no
entendimos, estaba en las alas, que participaron como meros espectadores, sin que les
llegara ni un balón, con la magnífica puerta que se les presentaba delante.
Pero, el desencuentro de la derrota en lugar de aplanarlos, los alertó más aún si cabe, y
tras un tiempo de asueto, aparecieron por la banda los ingleses madrileños, de la rosa, y
la escuela, para sentar cátedra en el dibujo, y la estructura.
Los benjamines salieron al campo, con idéntica actitud que en todos los encuentros, y la
parroquia científica deseaba que esta vez, la suerte corriera de su lado. Tras dos derrotas
consecutivas, una victoria era fundamental, para así, evitar las temibles batallas
personales, entre la frustración, y el individuo.
Y, así fue. El interesantísimo juego practicado por ambas escuadras, no dejó impasible a
ninguno de sus espectadores. Nos tuvo siempre en vilo, y mantuvo una emoción durante
todo el encuentro, consecuencia de un imprevisible desenlace. Hubo de todo, se
recuperó la intensidad del ruck, y la línea funcionó mejor, sin entrar en los contactos
directos sin avance, llevando el oval a las alas. El empate supo mal, consecuencia de
idéntico error científico, que propició la victoria catalana. La resolución, llegó en las
postrimerías del encuentro, en una jugada correctamente ejecutada desde campo
científico, con continuas penetraciones, y protecciones de rucks, ganando muchos

metros, y que acabó con la cabezonería de un científico, que sacó todo su coraje para
extender lo inextensible su brazo, y con sus dedos posar el balón en la línea de gloria.
Finalmente un séptimo puesto en el campeonato de España, que nos tiene que resultar
muy gratificante. Enhorabuena a todos.
El pesado cronista que está presente hasta en la sopa; y no porque yo quiera, quiere
despedirse de esta temporada con un intento de emulación al sevillano Bécquer. Ruego
me disculpéis los eruditos de la rima asonante, y el verso endecasílabo, pero ahí queda
el detalle de despedida.

ANTIROMANCE DE AGRADECIMIENTO

De nuevo amigo lector,
le piden a este cronista,
que de su punto de vista,
sobre el campeonato pasado.
Y utilizando idéntico molde,
tal orfebre con metal argento,
me dispongo sin tregua al tiempo,
a componer este antiromance,
dando gloria a unos infantes,
que pisando los talones,
a sus cercanos alevines,
Pozuelaron en gigantes querubines,
tras alcanzar la gloria del oro.
Pero no avancemos en el tiempo,
y detengámonos por un momento,
para exaltar la generosa figura,
de un trío de trapecistas,
que sin trapecio por delante,
tratan la categoría con tal semblante,
que no es posible pagar su valía.
Pero eso sí, apreciada María,
es de obligación el reconocimiento,
tan fugaz que con el tiempo,
solo quedará eternizado,
por la siempre inmortal heliografía,
de los momentos vividos,
recordados con profundos suspiros,
cada vez que abras tu álbum.
A bo-cajarro, ¿por qué no con uve?,
pues nó. Se escribe con be.
A bo-cados, ¿pero, por qué no con uve?,
pues, con be no sale la rima.
A bo-querones ¿y mira, sigue la be?,
pues con be, esto no funciona.
¡Ahora! tengo la respuesta, a tan incierto acertijo

¡A vo-ces era!, ¡A vo-ces!.
Pero fíjate, si va sin rumbo fijo,

por todos los campos de España,
eso sí, sin ninguna legaña,
y de la pera y manzana preñado,
Su eterno personaje Avo
¿y ahora con que rimo?
Llego la hora del grande,
del de la manga con su apodo bordado,
su nombre, el de un bambino abandonado,
que nos hizo llorar de rebrincos.
En su mente un sueño inmortal,
campeonar con su recién ascendido,
Tecnidex y Santboi en el olvido,
por gacela valencià, y corbata Santboiana,
pero no apartes tu dicha soberana,
que el metal se consiguió de sobra,
Industriales un recuerdo en la memoria,
de unos niños imitando a sus mayores,
que en Cartuja, al citar a sus amores,
darán el fruto, y obtendrán su gloria.
Estimado campeador, difícil fue la jornada,
¿alguien pensó lo contrario?,
tal vez, ¿la ilusión de un Pozuelo balneario?.
El despliegue quedó atrás con mil batallas,
solitario el prado, por ausencia de cabañas,
y, un torneo que dejó a sus benjamines,
galopando por el oro; y séptimos de España.
Al cronista no se le olvida el gesto,
y aunque agotado por el ímprobo trabajo,
presenta su reconocimiento a destajo,
al caballero de Marbella,
ese que por la banda tan serio,
analiza con tan solemne ejercicio,
las opciones del posible orificio,
por donde ejecutar la marca.

Pero ¡Ay! Marbellí amigo, la gacela fue más poderosa,
y nos dejó a los Andaluces, sin la ilusión melosa,
de encontrarnos frente a frente, en la final deseosa.
Se presiente la cruda despedida,
pues para ello ando acabando una etapa,
seis años, seis, de madrugones, serenatas,
seis años, seis, de experiencias compartidas.

Adiós escuela adiós,
que ya no caben en el talle,
le pido a Dios que nunca fallen,
pues se antoja bastante complicado,
mantener un oval, en tan benditas manos,
sin que otras, muy traviesas las repare.

Paco Alfonso

SUB 12 – PROMOCIÓN
La temporada llega a su fin. Después del esfuerzo realizado durante todo el año, la
despedida tiene que ser a lo grande.
Y la mejor forma de hacerlo es poner rumbo a Madrid. El Festival Nacional sub12 nos
está esperando. Dias 18 y 19 de mayo, cita imprescindible marcada desde hace meses en
nuestro calendario.
Y eso hicimos.

Viernes:
La expedición partió por la mañana temprano como otras muchas veces, desde la UPO.
Pero ese día el ambiente era distinto. El mismo que se llevaba respirando en el club
científico a lo largo de toda la semana.
Y es que, tanto los que partíamos como los que se quedaban, lo hacíamos con el corazón
dividido.
Como padres, nos gusta acompañar a nuestros hijos en cada uno de sus
desplazamientos. Disfrutamos con cada encuentro, viendo a nuestros espartanos luchar
en el campo.
Pero esta vez, parte de esta gran familia de la que nos sentimos que formamos parte, se
quedaba en casa: También ellos tenían en Cartuja que librar quizás la batalla más
difícil. Nuestro primer equipo se lo jugaba todo. Y el Bathco Santander no se lo iba a
poner fácil.
El fin de semana prometía ser intenso.
El viaje de ida transcurrió con normalidad, llegando a la hora prevista al que sería
nuestro campamento para los próximos 2 días. Reparto de habitaciones y aún mucha
tarde por delante que nuestros chavales disfrutaron al máximo.
Cena y a la cama. Al día siguiente teníamos una larga jornada por delante.

Sábado:
Llegamos a la Ciudad Deportiva Del Valle de las Cañas de Pozuelo de Alarcón no
demasiado temprano.
El evento corría a cargo del CRC Pozuelo que este fin de semana ejercía de anfitrión
junto con la Federación Española de Rugby y el Ayuntamiento de la localidad.
Un total de 37 clubes. Sin lugar a dudas, lo mejor de España.
61 equipos repartidos en 2 categorías reunidos para disputar sus encuentros en 6
campos de juego: 29 en Rendimiento y 32 en Promoción.

Magníficas instalaciones, impecable organización y 1200 chavales que pusieron lo más
importante: deporte y compañerismo. Mucho público disfrutando. Ambientazo.
El éxito estaba asegurado. No se podía pedir más.
En el campo estábamos ateridos. El día había amanecido muy frío, pero conforme
avanzaban las horas íbamos entrando en calor, al final de la jornada, el día era
espectacular.
Algo parecido pasó con nuestros chicos y la forma que tuvieron de afrontar sus 2
 primeros partidos.
El primer encuentro de los 3 que teníamos por delante ese día fue contra el RC Valencia
C. Del resultado dependería nuestros siguientes rivales a lo largo de la jornada.
El Tecnidex fue claramente superior y esta derrota nos dejó tocados, pero no hundidos.
Todavía teníamos mucho que dar.
Nuestro segundo contrincante esta vez fue El Salvador B. Aunque comenzamos
perdiendo, también tuvimos nuestras oportunidades y conseguimos igualar el
marcador, aunque finalmente no pudo ser.
Por último nos quedaba enfrentarnos al Alcobendas D. Nuestro equipo estaba
descansado, había repuesto fuerzas y gracias al ánimo de los entrenadores los jugadores
entraron al campo con la moral más alta.
Muchos padres lo vivimos con emoción contenida en las gradas, otros dejándose la voz
a pie de campo y como no podía ser de otra forma, a la tercera llegó la vencida.
Con ese pitido final que sonó a música celestial en nuestros oídos, nos invadió de
alegría y los jugadores no dudaron en echarse a los brazos de sus entrenadores.
A la vuelta, ya en el bus, todos teníamos todavía una gran sonrisa dibujada.

Domingo:
Esta vez decidimos madrugar un poco más y llegar antes al campo. Pese a algún
pequeño contratiempo con el maletero del bus, solucionado gracias a la idea de Jaime,
conseguimos llegar en hora.
En esta segunda jornada el equipo entró al terreno con más fuerza y más motivados que
el día anterior aunque finalmente la victoria fue para Pozuelo B.
En esta ocasión nuestros chicos terminaron el partido algo frustrados, pero a pesar de
sentir impotencia y rabia volvieron a prevalecer esos valores que tanto nos gustan de
este deporte porque en esto, los científicos siempre salen vencedores.
Quizás esto fue lo que les dio ese empujón que les faltaba para afrontar el último
encuentro que nos quedaba frente al VRAC C. Ahora sí que los vimos desplegar toda su
fuerza y el trabajo duro tuvo su recompensa finalizando con una merecidísima victoria.
De nuevo llegaron los abrazos: entre los jugadores, con las familias, con los
entrenadores.

Y esas palabras que nunca faltan, que a veces parece que van a caer en saco roto pero
que se quedan grabadas.
Ya es mediodía. Nuestra jornada de partidos ha finalizado. El equipo al completo se
reúne. Ahora toca el merecido descanso.
Pero en breve comenzará la disputa por los primeros puestos y la expedición decide
quedarse hasta el final, pues seguro íbamos a ver mucha calidad en el juego.
Deberíamos disfrutar del momento, pero en realidad, lo que reina es la intranquilidad.
Nuestra cabeza ya no está en Pozuelo. Los móviles nos queman en las manos. Muchos
nervios hasta que por fin nos llega la esperada noticia.
Ahora si podemos decir que nos hemos despedido a lo GRANDE de la temporada. Y sí,
sí que se podía pedir más.
 Gracias a todos los que habéis hecho posible esta magnífica temporada. A los que
hacéis posible todo esto.
    Witi y Jaime. Siempre con nosotros, siempre empujando.
#cienciasdivisiondehonor #empujaciencias.

Reme Lara

Fotografía: Ramiro Moreno